Esta provincia del occidente del país, fue bautizada en 1774 como Nueva Filipinas y cuatro años después pasó a ser Pinar del Río, paisaje casi perfecto que por su excelente naturaleza ha merecido el sobrenombre de Jardín de Cuba.
El Valle de Viñales, Paisaje Cultural de la Humanidad, sin dudas, se trata de uno de los parajes de la geografía cubana más conocidos internacionalmente. A este fértil polígono lo rodean elevaciones de paredes verticales y cimas redondeadas, únicas en el país, llamadas mogotes. La Cueva del Indio, atravesada por el río San Juan (navegable), y la de Juan Miguel, ambas en las proximidades, y el sistema cavernario de Santo Tomás, con más de 45 kilómetros de galerías enterradas en la cercana Sierra de Quemados, constituyen sitios de indiscutible valor en un espacio natural concebido, al parecer, para la realización de caminatas por senderos eco-turísticos. Una de las rutas verdes que mayor interés despierta entre los visitantes es la de los Acuáticos, que conduce desde la Sierra del Infierno hasta el Valle de Dos Hermanas, donde se disfruta de una enorme pintura realizada sobre la pared de un mogote y bautizada como el Mural de la Prehistoria.
Conocido también por el hecho de cosecharse en tierras de Vueltabajo el mejor tabaco del mundo, los encantos naturales de Pinar del Río son particularmente notables también en la Reserva de la Biosfera Sierra del Rosario, donde tienen su asiento el orquideario de Soroa, el más completo del país con 750 variedades, y el Complejo Turístico Las Terrazas, de alto valor paisajístico y que constituye la primera experiencia de turismo sostenible en áreas rurales desarrollada en el país.
En el extremo occidental de la provincia se encuentra la Reserva de la Biosfera Península de Guanahacabibes, incipientemente explotada con fines turísticos, en cuyos límites existen dos reservas naturales: El Veral y Cabo Corrientes, y un Centro Internacional de Buceo, María la Gorda, con casi 40 puntos de inmersión y una abundante colonia de coral negro en sus fondos. |